TEATRO


“LA ULTIMA SESION”

El Festival Internacional de Teatro de Caracas –punto de referencia para otros países que luego emularon la idea- simplemente desapareció; por parte de esa misma “magia” –que últimamente obnubila nuestro país- también vienen desapareciendo varias salas orientadas, no solo al teatro, sino a diversas manifestaciones artísticas. Por tal motivo las que aún funcionan han transformado sus programaciones en un menú tan ecléctico como el nombre de esta columna. Por ejemplo uno puede ir al Teatro Teresa Carreño y de una sola vez disfrutar de una gala lírica, participar en una reunión de consejos comunales y hasta comprase un cochino vivo para matar en diciembre…

En medio de toda esta “alquimia” es siempre agradable saber que aún existen hombres que luchan por mantener con vida espacios para el arte de las tablas.

Uno de estos hombres es José Manuel Ascensao, que al frente de la sala “Luisela Díaz” del Caracas Theater Club, mantiene (ya por varios años) una variada, interesante y –lo mas importante- constante programación teatral.

Justamente en estos momentos José Manuel produce y también participa como actor en “La Ultima Sesión” obra escrita y dirigida por el reconocido dramaturgo Johnny Gavlovsky.

Esta pieza, cuyo argumento fue inspirado en los horribles acontecimientos producidos a raíz del deslave en el estado Vargas, se estrenó justamente un año después de dicha tragedia y, quizás motivado a la magnitud de aquellos hechos, la obra pasó sin pena ni gloria. Sin embargo con los años el texto recorrió diversas fronteras y fue creciendo hasta obtener –el pasado año 2008- el premio como mejor obra en el concurso “Actors of the World” en la ciudad de Londres.

Ahora vuelve a casa –cual hijo pródigo- para enfrentarse a un público más curtido, no solo por los recuerdos de la tragedia sino por las “pequeñas tragedias” cotidianas que debe enfrentar como delincuencia, crisis económica y pandemias por citar sólo las más recientes…

El texto de Gavlovsky es contundente y para nada complaciente con el espectador. Desde la primera escena sentimos la sordidez que se respira en la casa de ese “matrimonio feliz” compuesto por “Claudia” (Emma Rabbe) “Eduardo” (Jorge Palacios) y su pequeño hijo de cinco años. Toda la basura que esconde esta pareja es desvelada por la intervención de “Jorge” (Ascensao) el jardinero de la casa que mantiene secuestrado al niño.

La puesta en escena brinda una escenografía e iluminación sencillas y prácticas, carentes de innecesarios efectismos haciendo recaer todo el peso en el trabajo actoral. En tal sentido el riesgo para los intérpretes es total y es justamente ahí donde radica el talón de Aquiles del montaje.

Emma Rabbe luce –físicamente hablando- ideal para el personaje, pero la actuación es otra cosa… No me convenció la desesperación que debía transmitir su situación, sin revelar la historia podemos aclarar para nuestros lectores que al personaje le han secuestrado a su hijo y al parecer el secuestrador es buscado por violar a dos niñas con retraso mental durante el deslave; con esa premisa y tomando en cuenta que la Sra. Rabbe es madre en la realidad, su reacción ante lo que le está sucediendo a su personaje solo es aceptable dentro de un ejercicio realizado por novatos en alguna academia teatral.

José Manuel Ascensao por su parte, construye el personaje de un ex seminarista con serios problemas psiquiátricos, quien ha sido sometido a diversas situaciones extremas que le han llevado a transitar constantemente entre la locura y la cordura. Ascensao logra imprimirle credibilidad y –a mi juicio lo más importante- consigue empatía con el público; pero creo que debe trabajar mejor su tono de voz ya que por momentos maneja unos registros propios del teatro infantil que le divorcian un poco del personaje.

Finalmente nos encontramos ante Eduardo, un psiquiatra que decide ofrecerle trabajo en su casa a uno de sus pacientes. Eduardo es el que genera el giro más dramático de la historia. Un personaje fuerte, complejo y con una diversidad de matices que son de esos que le hacen agua la boca a cualquier primer actor…

Pero el trabajo presentado por el Sr. Jorge Palacios me decepcionó y parte de la culpa de esta decepción recae en la dirección del montaje… no entiendo como hay correcciones que no se han hecho. El Sr. Palacios luce –en los momentos mas intensos del personaje- sobreactuado y melodramático y ¡Por Favor! le ruego al director que corrija los constantes “Me Oyes” tan propios de los villanos “telenovelescos”… estamos seguros de que esa muletilla no aparece en el texto original y es imperdonable cuando el dramaturgo y el director son la misma persona...

Es lamentable que un personaje tan complejo e importante para la historia se vea deslucido por una actuación folletinesca y más aún cuando es realizada por un actor con la trayectoria de Jorge Palacios.

A pesar de todo lo antes expuesto el texto de “La Ultima Sesión” es tan bueno que logra su cometido de internarse en la conciencia de los espectadores por si solo, así que no dejen de ver esta pieza y con nuestra asistencia masiva al teatro en general evitemos que sigan desapareciendo los pocos reductos de diversión que aún nos quedan…